La leyenda de los túneles se sitúa en la Parroquia de San Antonio, el principal templo religioso de Mixquiahuala, cuya edificación data del siglo XVIII. Desde su fundación, esta iglesia ha constituido uno de los espacios más relevantes de la vida religiosa y social del pueblo, organizando no solo el culto católico, sino también buena parte de la vida cotidiana del pueblo.

Más allá de la veracidad histórica de la existencia de estos túneles, la persistencia de esta leyenda refleja la importancia de la parroquia en la memoria de la población mixquiahualense. El templo no solo ha sido un espacio de culto, sino también un lugar cargado de significados simbólicos, alrededor del cual se han tejido relatos que expresan el pasado religioso y las creencias transmitidas de generación en generación.